Cambios estacionales en el hábitat de los tiburones blancos jóvenes debido al calentamiento del océano.
Adrienne Gooden et al. (2025)
El cambio climático no solo está derritiendo glaciares o blanqueando corales: también está transformando la vida de los grandes depredadores marinos. Entre ellos, el tiburón blanco ocupa un lugar especial, no solo por su tamaño e importancia ecológica, sino también por el impacto que su sola presencia tiene en la percepción del riesgo. Durante las últimas décadas, las aguas del planeta se han ido calentando de forma constante, y este aumento de temperatura está desplazando a muchas especies hacia zonas donde antes no solían encontrarse.
Los tiburones blancos jóvenes, que pasan buena parte de su vida en aguas costeras, son especialmente sensibles a esos cambios. Sus movimientos están determinados por la temperatura, la disponibilidad de alimento y la presencia de corrientes adecuadas. Cuando esas condiciones se alteran, ellos también deben moverse. Y eso puede significar que empiecen a aparecer con mayor frecuencia en regiones donde la actividad humana (pesca, turismo, deportes acuáticos) es intensa.
Comprender cómo el calentamiento del océano modifica su hábitat no es solo una cuestión de biología marina: también tiene implicancias para la prevención de riesgos y la convivencia entre las personas y la fauna marina.
¿Qué se investigó?
Un grupo de investigadores australianos se propuso entender cómo el aumento de la temperatura del océano está afectando a los tiburones blancos jóvenes (Carcharodon carcharias), una etapa clave de su desarrollo en la que permanecen cerca de la costa y son especialmente dependientes de las condiciones del entorno.
El estudio se realizó en la costa sudeste de Australia, una de las zonas del planeta donde el mar se está calentando más rápidamente. Durante seis años (entre 2015 y 2020), el equipo colocó etiquetas satelitales a 41 tiburones blancos jóvenes para seguir sus desplazamientos y registrar las condiciones ambientales de las aguas por las que se movían: temperatura, profundidad, distancia a la costa y concentración de clorofila, entre otras variables.
Con esos datos, elaboraron modelos que permiten predecir qué áreas del océano son más adecuadas para estos tiburones y cómo ese hábitat podría cambiar en el futuro, considerando distintos escenarios de calentamiento global. En otras palabras, quisieron saber si el mar del futuro seguirá siendo un lugar habitable para los tiburones blancos jóvenes… y qué zonas podrían convertirse en sus nuevos hogares.

Figura 1.
El calentamiento del océano desplaza el hábitat de los tiburones blancos jóvenes hacia el sur.
Adaptado de Gooden A. et al. (2025).
Principales hallazgos del estudio
Los resultados del estudio mostraron que los tiburones blancos jóvenes prefieren aguas costeras con temperaturas que oscilan entre los 16 y 24 °C, especialmente aquellas cercanas a los 21 °C, donde encuentran las condiciones óptimas para alimentarse y desarrollarse. También se observó que tienden a desplazarse en aguas poco profundas, a menos de 20 kilómetros de la costa, donde la disponibilidad de presas es mayor y las corrientes marinas son más estables.

Figura 2.
El rango térmico óptimo de los tiburones blancos jóvenes se sitúa entre 16 °C y 24 °C, con preferencia en torno a los 21 °C. Adaptado de Gooden et al., 2025.
Sin embargo, este equilibrio se está modificando. Al incorporar en el modelo proyecciones de calentamiento oceánico hasta el año 2080, los investigadores detectaron un desplazamiento progresivo del hábitat adecuado hacia el sur (es decir, hacia zonas más frías) durante el otoño e invierno, y un retorno hacia el norte en primavera y verano. En consecuencia, las áreas del norte de Australia que hoy resultan favorables para los tiburones jóvenes podrían dejar de serlo en pocas décadas, mientras que regiones más australes ganarían importancia como refugio térmico.
El modelo también reveló que, incluso en escenarios de calentamiento moderado, la extensión del hábitat costero adecuado podría aumentar o reducirse estacionalmente entre un 27 % y un 38 %, generando una redistribución significativa de la especie. Y aunque la mayor parte de estas zonas siguen situándose cerca de la costa, su localización exacta -y por tanto su coincidencia con zonas de pesca o recreación humana- cambiará con el tiempo.
En resumen, los tiburones blancos jóvenes no están multiplicándose ni acercándose más a las personas: están buscando sobrevivir en un océano que cambia. Pero esos movimientos naturales pueden modificar los lugares y momentos en que se producen los encuentros con los humanos, y ese es precisamente el punto donde la ciencia puede ayudarnos a prevenir riesgos antes de que ocurran.
¿Qué implicancias tiene esto?
Cuando los tiburones cambian de rumbo, no solo se mueve la fauna marina: también cambian nuestras propias rutinas costeras. En este caso, el desplazamiento hacia el sur de los tiburones blancos jóvenes significa que podrían comenzar a frecuentar zonas donde antes apenas se registraban, o hacerlo en momentos del año distintos a los habituales. Eso no implica un aumento automático de ataques, pero sí una modificación de los escenarios de encuentro entre humanos y tiburones.
Para comunidades que viven del mar (pescadores, surfistas, guías turísticos o bañistas), comprender estos cambios es esencial. Los programas de prevención y seguridad en playas deben adaptarse a las nuevas realidades ecológicas: los puntos de vigilancia, las épocas de mayor actividad marina y la comunicación con el público pueden requerir ajustes si las especies se desplazan.
El fenómeno va más allá de la gestión de riesgos costeros. El calentamiento del océano refleja un desequilibrio ambiental que repercute en la salud de los ecosistemas y, en consecuencia, en la nuestra. Si el mar pierde su estabilidad térmica, cambian las cadenas tróficas, los patrones migratorios y la disponibilidad de recursos. Entenderlo no es solo cuestión de conservación: también es una forma de anticipar impactos socioeconómicos y de salud pública.
El mensaje central del estudio es claro: los tiburones no se están volviendo más peligrosos, sino más vulnerables a un entorno que los obliga a moverse. Y cuando los animales cambian sus rutas, la mejor prevención no es el miedo, sino el conocimiento.

Figura 3.
Cuando cambian los ecosistemas, cambian también los puntos de encuentro entre humanos y fauna marina.
¿Por qué es relevante para quienes trabajamos en mordeduras y One Health?
Este estudio sobre tiburones blancos jóvenes es un ejemplo claro de cómo el calentamiento del océano está moviendo a una especie que, sin buscarlo, puede encontrarse más cerca de nosotros. Comprender esos desplazamientos no tiene que ver con el miedo, sino con la prevención informada: saber en qué zonas y en qué momentos pueden producirse más encuentros, para prevenir accidentes antes de que ocurran.
Desde el enfoque One Health, esta investigación también refuerza una idea central: los cambios ambientales repercuten directamente en la salud humana, animal y ecosistémica. Lo que sucede en el mar no es ajeno a lo que ocurre en tierra firme. Cada vez que un ecosistema se ve obligado a adaptarse, también nosotros debemos hacerlo.
Hablar de tiburones en el contexto de una red sobre mordeduras no es una excepción: es ampliar la mirada. Significa reconocer que las soluciones a los riesgos por mordeduras (en tierra o en el mar) pasan por entender los factores ambientales, conductuales y sociales que los originan. Y solo la ciencia, acompañada de educación y comunicación responsable, puede ofrecernos esas respuestas.
¿Quieres conocer todos los detalles técnicos y explorar el estudio completo?
📄 Puedes acceder al artículo original (en inglés), publicado en ICES Journal of Marine Science, a través de este enlace:
👉 https://doi.org/10.1093/icesjms/fsaf062
Cita: Gooden, A., Champion, C., Huveneers, C., Kelaher, B. y Butcher, P. A. (2025). Seasonal changes in the habitat suitability of immature white sharks (Carcharodon carcharias) driven by ocean warming. ICES journal of marine science, 82(5)
🎥 ¿Te gustaría escuchar esta historia en voz alta?
En poco más de 2 minutos, te contamos qué se investigó, por qué, y para qué.
