Cuando una mordedura deja marca: lo que aprendemos de analizar 111 lesiones en la cara.


Adaptación divulgativa: Rosa Cirac (INMAB)
 

Las mordeduras de animales no solo dejan heridas físicas. En muchos casos también dejan una huella emocional profunda, especialmente cuando afectan al rostro. Cada cicatriz en la cara cuenta una historia: una interacción que salió mal, un susto, un miedo, un aprendizaje.


En este estudio realizado en Alemania, un equipo médico quiso mirar más allá del susto inicial y entender mejor qué factores influyen en las lesiones por mordedura facial y cómo tratarlas del modo más seguro posible. Su objetivo fue claro: aprender de los datos reales para mejorar la atención y reducir complicaciones.

 

 

 

Por qué se hizo este estudio.

 

Las mordeduras son una causa frecuente de atención médica en los servicios de urgencia. Solo en Alemania se registran entre 30.000 y 50.000 heridas por mordedura cada año, y hasta un 15% de ellas ocurren en el rostro. La gran mayoría son causadas por perros, aunque también se describen casos con gatos o caballos.


La cara es una zona especialmente delicada: hay vasos, nervios y estructuras muy visibles que hacen que una herida no solo duela, sino que pueda dejar secuelas estéticas o funcionales. Además, el rostro es lo primero que mostramos al mundo, por lo que las heridas allí tienen un peso emocional añadido.


Con esto en mente, el equipo del Hospital Universitario de Ratisbona revisó trece años de casos atendidos en su unidad de cirugía maxilofacial para buscar patrones y responder preguntas concretas:


¿Quiénes se lesionan más?, ¿qué zonas son las más afectadas?, ¿qué tipo de tratamiento da mejores resultados?, ¿y cuándo es realmente necesaria la profilaxis antibiótica?

Gráfico que muestra que los niños menores de 10 años son el grupo más afectado por lesiones faciales por mordeduras.

Figura 1. 
Distribución estimada de edades de los pacientes con lesiones faciales por mordedura (adaptado de Maurer et al., 2023).

Cómo se hizo la investigación.

 

El estudio analizó retrospectivamente los registros de 111 personas que sufrieron mordeduras en la cara entre 2009 y 2022.


Se evaluaron variables como la edad, el tipo de animal, la zona afectada, el grado de profundidad de la herida (clasificado según la escala de Lackmann, que va desde lesiones superficiales hasta aquellas con daño muscular, nervioso o óseo) y el tipo de tratamiento quirúrgico realizado.


También se revisó si se habían usado antibióticos, qué tipo y en qué casos aparecieron infecciones posteriores. La idea no era solo contar heridas, sino entender qué decisiones médicas ayudaban realmente a prevenir complicaciones.

 

 

 

Qué encontraron.

 

Los resultados confirmaron algo que muchos sospechamos: los niños menores de 10 años fueron el grupo más afectado, representando una cuarta parte de los casos. Su tamaño, su cercanía física a los animales y su tendencia a moverse o tocar sin medir el riesgo explican buena parte de esa vulnerabilidad.

 

El 94,5% de las mordeduras fueron causadas por perros, mientras que un pequeño número correspondió a caballos y solo un caso a un zorro. En dos tercios de los ataques, el animal era conocido por la víctima, lo que refuerza la idea de que muchas mordeduras no ocurren por “agresividad”, sino por situaciones mal interpretadas o de manejo inadecuado.

Gráfico circular que muestra que el 95% de las lesiones faciales por mordeduras fueron causadas por perros, seguido de caballos y un zorro.

Figura 2. 

Especies responsables de las mordeduras faciales atendidas (basado en Maurer et al., 2023).

Las zonas más afectadas del rostro fueron las alrededor de la boca (40%), la nariz (22%) y las orejas (17%). Esto tiene sentido si pensamos en la altura del hocico de un perro respecto a un niño o a una persona agachada: la boca y la nariz quedan justo a la altura de su mandíbula.

 

En cuanto al tipo de heridas, la mayoría fueron de gravedad intermedia (Lackmann II o III), es decir, con afectación muscular o pérdida de tejido, pero sin dañar huesos o nervios principales.

 

Uno de los hallazgos más relevantes fue que las infecciones aparecieron en solo el 8% de los casos, una cifra baja teniendo en cuenta la contaminación bacteriana habitual de este tipo de lesiones. Las infecciones fueron más frecuentes cuando las heridas estaban en las mejillas, una zona con múltiples planos de tejido y más difícil de limpiar por completo.

 

El tratamiento más habitual fue el cierre inmediato de la herida (suturar tras limpiar), realizado en tres de cada cuatro pacientes. Esta técnica no solo redujo las infecciones, sino que también disminuyó la necesidad de posteriores cirugías para corregir cicatrices. En cambio, los casos que requirieron colgajos o injertos (por pérdida importante de piel) fueron los que más complicaciones presentaron.

 

El uso de antibióticos preventivos fue casi general: el 92% de los pacientes los recibió, y el fármaco más recetado fue la amoxicilina con ácido clavulánico, que protege frente a la mayoría de bacterias presentes en la saliva de perros y gatos. En los pocos casos donde no se administró antibiótico, las infecciones fueron más frecuentes, aunque sin alcanzar significación estadística.

 

 

 

Qué significan estos resultados.

 

En medicina, a veces los datos confirman lo que la experiencia ya intuía: actuar rápido y cerrar la herida adecuadamente es clave. Esperar demasiado o dejar la lesión abierta “por precaución” puede aumentar el riesgo de infección y dejar peores resultados estéticos

Ilustración de la cara que señala las zonas más afectadas por mordeduras: perioral, nariz, oreja, mejilla, periórbita y frente.

Figura 3. 
Zonas del rostro más afectadas por mordeduras (adaptado de Maurer et al., 2023).

El estudio refuerza que la profilaxis antibiótica con amoxicilina-clavulánico sigue siendo la opción más efectiva, especialmente en heridas profundas o con pérdida de tejido.

 

También recuerda algo esencial: cada mordedura debe evaluarse de forma individual. No todas requieren el mismo abordaje. La localización, la profundidad y el estado del animal determinan la necesidad de antibióticos, vacunas antitetánicas o incluso profilaxis antirrábica.

 

Más allá de la técnica médica, los autores subrayan un punto que suele pasar desapercibido: las heridas en la cara, sobre todo en niños, dejan cicatrices que no son solo físicas. Por eso recomiendan incluir en el seguimiento no solo la corrección estética, sino también la contención emocional y psicológica, tanto para los pacientes como para sus familias.

 

 

 

Una mirada desde la salud compartida

 

Las mordeduras son un recordatorio claro de que la salud humana, animal y social están entrelazadas. No hay “mordeduras de perro” sin convivencia humano-perro, ni prevención sin educación compartida.

 

Este tipo de estudios no solo sirven para mejorar la práctica médica, sino también para prevenir: enseñar a los niños a respetar las señales de los animales, promover la tenencia responsable y fomentar entornos seguros donde las interacciones sean predecibles y cuidadas.

 

Cada mordedura atendida es también una oportunidad para aprender sobre convivencia, comunicación y bienestar mutuo. Cuando la ciencia se acerca a la vida real -como en este estudio- entendemos mejor que prevenir una herida es siempre más eficaz que suturarla. Y que detrás de cada dato clínico hay una historia de relación, de confianza rota, y de posibilidad de reparación.

 

¿Quieres conocer todos los detalles técnicos y explorar el estudio completo?


📄 Puedes acceder al artículo original (en inglés), publicado en Journal of Clinical Medicine, a través de este enlace::
👉 DOI: 10.3390/jcm12216942

 

Cita: Maurer, M., Schlipköter, C., Gottsauner, M., Waiss, W., Meier, J. K., Fiedler, M., ... y Ettl, T. (2023). Animal bite injuries to the face: a retrospective evaluation of 111 cases. Journal of clinical medicine, 12(21), 6942.

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En poco más de 2 minutos, te contamos qué se investigó, por qué, y para qué.

Infografía sobre lesiones faciales por mordeduras de animales en niños: estudio clínico de 111 casos y claves de prevención

Esta infografía resume los principales hallazgos del estudio sobre lesiones faciales causadas por mordeduras de animales, destacando los grupos más vulnerables y las implicancias que estos datos tienen para la prevención y la convivencia segura entre personas y animales.

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