Entrevista con Carina Hercolini y Fernando Siccardi:
Mordeduras de rata: un problema invisible en salud pública

Presentación
Hay problemas de salud que, aunque no aparecen en los registros oficiales, siguen ocurriendo en la realidad. Uno de ellos son las mordeduras de rata: un problema poco conocido, pero más habitual de lo que parece, especialmente en contextos de mayor vulnerabilidad.
En este nuevo episodio de Diálogos INMAB: Ecos de Conciencia, hablamos con Carina Hercolini y Fernando Sicardi, del Instituto de Zoonosis Luis Pasteur (Buenos Aires), para entender mejor qué está pasando, por qué muchas veces no se reporta y qué implicaciones tiene para la salud.
Para empezar, nos gustaría conoceros un poco mejor. ¿Quiénes sois y a qué os dedicáis?
Carina Hercolini (CH): Soy licenciada en Ciencias Biológicas y me formé en la Universidad de Buenos Aires, en Argentina. Desde hace más de 15 años trabajo en el Instituto de Zoonosis Luis Pasteur, donde nos dedicamos a la prevención y el control de zoonosis.
En particular, formo parte del grupo de roedores junto con Fernando. Allí realizamos tanto actividades en terreno como tareas técnico-científicas, abordando distintas problemáticas relacionadas con los roedores y las enfermedades que pueden transmitir a las personas.
Fernando Sicardi (FS): Yo soy veterinario y también trabajo en el Instituto de Zoonosis Luis Pasteur. Empezamos más o menos en la misma época, aunque me incorporé al grupo de roedores algo más tarde.
En el instituto realizamos diferentes tareas de prevención, como vacunaciones antirrábicas, entre otras muchas actividades. Además, dentro del trabajo en terreno, visitamos escuelas, hospitales u otros espacios donde existen problemas con roedores, para poder abordarlos directamente.
¿Qué os llevó a trabajar en este tema y a interesaros por una problemática que, a priori, no es tan habitual?
CH: En mi caso fue algo progresivo. Empecé a trabajar con roedores urbanos mientras aún estaba en la facultad. Surgió a partir de un amigo que buscaba a alguien para trabajo en terreno y me gustó la propuesta, así que empecé por ahí. No fue algo que buscara inicialmente, pero cuando surgió la oportunidad me interesó mucho, sobre todo porque es una problemática que nos afecta a todos.
Nosotros trabajamos en la Ciudad de Buenos Aires, donde convivimos con distintas especies de roedores. Por un lado están las especies exóticas, como las ratas y las lauchas, que están presentes en todo el mundo. Pero también trabajamos con especies nativas, que en la ciudad han quedado reducidas a poblaciones muy pequeñas, en espacios verdes cada vez más limitados.
A mí me interesa mucho esa combinación: trabajar con lo que es más conocido, como las especies exóticas, pero también con las especies locales, que cada vez tienen menos presencia. Además, disfruto especialmente el trabajo en terreno: ir a los barrios, a reservas naturales, conocer distintos espacios de la ciudad y, sobre todo, trabajar con la gente, con problemáticas concretas, intentando aportar alguna solución.
FS: En mi caso, siempre me gustó trabajar en lugares vulnerables, donde me siento más cómodo que en otros contextos de la ciudad. Aunque también trabajo en otras zonas, gran parte de mi interés está ahí.
En cuanto a los roedores, es importante diferenciar entre las especies exóticas y las nativas. Las exóticas, como las ratas o los ratones, son las que suelen comportarse como plaga. En cambio, el trabajo con especies nativas requiere más cuidado, porque son poblaciones que deberían mantenerse y conservarse, tal como han estado históricamente.
Cuando habláis de especies exóticas y nativas, ¿a qué os referís exactamente?
CH: Sí, las especies exóticas son aquellas que han llegado desde otros lugares, como Europa o Asia, generalmente a través de migraciones y del transporte en barcos, y se han extendido por todo el mundo.
Estas especies, como las ratas o las lauchas, suelen comportarse como plaga, ya que afectan al ambiente y a las especies nativas. En muchos casos, terminan desplazándolas, especialmente en entornos urbanos.
En las ciudades, además, esto se agrava por la urbanización: los espacios donde pueden vivir las especies nativas son cada vez más pequeños, mientras que las especies exóticas están muy adaptadas a convivir con las personas. Esto hace que, en esa competencia, las exóticas vayan ocupando cada vez más espacio.
Al hablar de mordeduras de rata, ¿a qué nos referimos exactamente? ¿Son las especies exóticas las principales implicadas en este problema?
CH: Sí, las especies exóticas, como las ratas y las lauchas, son las que están en contacto más estrecho con las personas. Por eso, al menos en esta ciudad, son las que pueden generar problemas de salud. Desde el instituto nos centramos precisamente en estudiar esas interacciones y qué consecuencias reales pueden tener tanto para las personas como para los animales de compañía.
En general trabajamos con distintas zoonosis, es decir, enfermedades que se transmiten de los animales a las personas. Pero la mordedura de rata es un tema del que se sabe poco y que apenas se estudia. Sin embargo, en el trabajo en terreno, al ir a los barrios y hablar con la gente, empezamos a escuchar con frecuencia comentarios como “a mi hijo le mordió una rata” o “a mí me mordió una rata”. Se generaba un vínculo y la gente nos lo contaba.
El problema es que esas situaciones no llegaban de forma oficial al Instituto Pasteur. Hasta el año 2018, las mordeduras de rata eran de notificación obligatoria: cualquier persona que acudía al sistema de salud por este motivo debía ser registrada y esa información debía llegar hasta nosotros. Pero en la práctica, esos datos nunca aparecían.
Entonces nos encontrábamos con una contradicción: por un lado, los relatos de las personas; por otro, la ausencia de registros oficiales. No sabíamos si era que la gente no acudía al sistema de salud o si fallaba el circuito de notificación.
Después de 2018, la situación se agravó, porque la notificación dejó de ser obligatoria. Al no registrarse casos, se asumió que no era un problema relevante. Pero nosotros seguíamos viendo que sí ocurría, solo que no estaba siendo recogido en los datos oficiales.
FS: Claro, en realidad no había datos. Lo único que existía era el caso de un infectólogo del hospital Muñiz que había tratado a varias personas con mordeduras de rata. Pero más allá de eso, no había información sistematizada, al menos en Argentina.
Ante esa situación, decidimos hacer algo. El primer paso fue un trabajo que hizo Carina junto con Antonella, otra persona del grupo, en un barrio concreto, donde realizaron una primera encuesta sobre mordeduras de rata.
CH: Sí, y fue una experiencia muy interesante, porque la gente quiere contar lo que le pasa. Esa encuesta nos sirvió no solo para confirmar que el problema existía, sino también para mejorar y ajustar las preguntas para estudios posteriores.
Una vez que obtuvisteis esos primeros datos, ¿para qué podían servir y qué esperabais que ayudaran a cambiar?
FS: En ese primer estudio se realizaron 312 encuestas, de las cuales 12 personas habían sufrido mordeduras de rata. Eso ya nos daba una primera señal clara de que el problema existía.
CH: Sí, lo primero que queríamos saber era precisamente eso: si la mordedura de rata ocurre o no ocurre. Y confirmamos que sí, que sucede.
A partir de ahí, nos interesaba entender mejor en qué contexto se producen: en qué momento del día, en qué parte del cuerpo, en qué situaciones. Porque, en general, los roedores no son animales agresivos; solo muerden si se sienten amenazados o vulnerables.
Nuestro objetivo principal era poder poner esto sobre la mesa de forma oficial: que se reconociera que la mordedura de rata es un accidente real. No sabemos si ocurre con mucha o poca frecuencia, porque no hay estudios previos con los que comparar, pero el hecho de que ocurra ya es una información relevante.
Además, este tipo de datos puede servir para que otros organismos tomen el relevo. Por ejemplo, para que en los centros de salud y hospitales se tenga más presente que es una situación que puede darse y que debe ser tenida en cuenta. No es lo mismo una mordedura de perro que una de rata, y las actuaciones pueden ser diferentes.
También nos parece importante que se vuelva a considerar como un evento de notificación obligatoria, porque solo así se podrán generar datos y, a partir de ellos, tomar medidas más concretas.
Cuando se busca información sobre mordeduras de rata, aparece con frecuencia la llamada “fiebre por mordedura de rata”. ¿Qué es exactamente y qué implicaciones tiene?
FS: Se trata de una enfermedad que puede transmitir la rata, tanto a través de la mordedura como por contacto con sus deyecciones. En un primer momento es difícil de detectar, porque presenta síntomas poco específicos, como fiebre leve, vómitos o malestar general.
Sin embargo, si no se trata, puede llegar a ser grave: en algunos casos, la mortalidad puede alcanzar hasta un 10%.
CH: Sí, a través de la mordedura, si la rata está infectada, puede transmitirse esta enfermedad. El problema es que no se sabe con precisión cuántas ratas están infectadas ni cuántas personas que han sido mordidas desarrollan la enfermedad.
Además, los síntomas son muy poco específicos y pueden confundirse con otras patologías, lo que hace que el diagnóstico sea complicado.
Aun así, el tratamiento es sencillo: se basa en antibióticos.
FS: Y además son antibióticos accesibles, como la penicilina, por lo que no es un tratamiento difícil de conseguir.
Entonces, más allá de la gravedad en sí, ¿por qué es importante tener en cuenta y registrar las mordeduras de rata?
CH: La mordedura en sí suele ser una herida pequeña, algo que a simple vista no llama la atención. Puede ser apenas un poco de sangre, algo que incluso podría parecer poco importante.
Pero precisamente por eso es relevante: aunque la herida sea pequeña, puede ser suficiente para transmitir la enfermedad si la rata está infectada. Por eso es importante acudir a consulta y tratarla adecuadamente.
FS: Además, no es necesario que exista una mordedura directa. Si una rata contamina alimentos con sus deyecciones, también podría producirse la infección por vía digestiva.
Aunque estamos hablando de Argentina, ¿hasta qué punto influye el contexto, especialmente en zonas más vulnerables?
CH: Nosotros trabajamos mucho en barrios vulnerables, y ahí la realidad es que las personas conviven con las ratas. Los nidos pueden estar dentro de las casas o en el peridomicilio, y eso es algo constante.
Por eso decidimos centrar el estudio en estos contextos, porque sospechábamos que es donde las mordeduras pueden darse con mayor frecuencia, muchas veces en situaciones cotidianas.
De hecho, muchas personas nos contaban casos como que un bebé estaba durmiendo y fue mordido durante la noche, porque la rata se acercó a comer. Son situaciones que, lamentablemente, se repiten en estos entornos donde la convivencia con roedores es habitual.
Con todo lo que estáis investigando, ¿creéis que este trabajo puede ayudar a cambiar la situación o mejorar la prevención?
CH: A pequeña escala, ya tiene un impacto. Cuando vamos a los barrios, la gente nos conoce y sabe que estamos trabajando en este tema. Durante las entrevistas, aprovechamos para explicar los riesgos de una mordedura de rata y la importancia de acudir a consulta médica, aunque la herida parezca pequeña.
Además, trabajamos con los centros de salud de cada zona. Damos charlas al personal sanitario, lo que ayuda a que tengan más presente esta problemática, ya que muchas veces no se le daba tanta relevancia. En ese sentido, aunque sea a una escala pequeña, sí creemos que se están generando cambios.
A un nivel más amplio, lo ideal es que este tipo de estudios llegue a más gente y despierte interés, para que se genere más información y, a partir de ahí, puedan intervenir los organismos que tienen capacidad de actuar. Porque lo que vemos en los barrios vulnerables es que hay factores estructurales que favorecen la presencia de roedores: falta de acceso a servicios básicos, problemas en las redes de agua y saneamiento, viviendas precarias que permiten la entrada y salida de ratas… Todo esto hace que la convivencia con roedores sea constante.
Por eso, en última instancia, lo ideal sería que este trabajo sirva también para visibilizar que se trata de un problema real, que está ocurriendo, y que estas personas no deberían vivir en esas condiciones.
Para quienes nos están escuchando desde contextos donde esta realidad no es tan visible, ¿qué se puede hacer para contribuir o, al menos, para que esta situación se conozca más?
FS: Lo primero es la información. Es fundamental que este tipo de problemáticas se conozcan. En nuestro caso, desde hace años algunos centros de salud nos piden capacitaciones en zoonosis, y eso ha permitido ir generando una red. A través de estos profesionales, la información también llega a la población.
Eso es algo muy valioso, porque tradicionalmente el conocimiento estaba muy concentrado en el ámbito médico, y ahora se está dando también este intercambio, donde nosotros podemos aportar desde nuestra experiencia en terreno.
Además, el trabajo directo con la gente también es clave. Cuando estamos en los barrios, hablamos con las personas, les explicamos la situación y les pedimos que compartan esa información. Ese boca a boca es importante para que el conocimiento se vaya extendiendo.
CH: Sí, la difusión es fundamental. En Argentina, incluso en una ciudad como Buenos Aires, que es uno de los sectores más ricos del país, hay muchas poblaciones vulnerables. Y si esto lo vemos aquí de forma tan clara, es probable que en otras regiones la situación sea aún más compleja.
Por eso, todo lo que ayude a visibilizar el problema suma. Trabajar con los centros de salud, generar redes, compartir información… todo eso puede contribuir a que el tema escale y llegue a quienes pueden tomar decisiones.
También es importante que esta información sirva para generar presión y que, por ejemplo, vuelva a considerarse la mordedura de rata como un evento de notificación obligatoria. La idea es empezar desde donde se puede, pero que ese conocimiento vaya creciendo y permita avanzar hacia acciones más concretas.
¿Existe algún tipo de conexión o intercambio con otros países donde este problema también es relevante?
CH: En nuestro caso, no estamos en contacto directo con otros grupos que trabajen específicamente este tema. Nos basamos principalmente en la información que está disponible en la literatura.
FS: Aun así, sabemos que en algunas regiones de Asia y África se dan contextos similares a los que vemos en poblaciones vulnerables. Por eso es muy probable que este tipo de situaciones también ocurra allí.
Entonces, más allá del país o la zona, ¿las condiciones en las que ocurre este problema son similares?
CH: Sí, en nuestro estudio vimos que hay patrones muy claros. Aunque el número de personas que manifestaron haber sido mordidas no era muy alto, prácticamente todos los casos se daban en situaciones domésticas, muchas veces mientras las personas estaban durmiendo.
Esto indica que la rata está instalada dentro del domicilio o en su entorno inmediato, lo que implica una convivencia directa. También puede haber otros casos, como accidentes laborales -por ejemplo, al manipular una cañería y encontrarse con un roedor-, pero lo más frecuente que observamos fue el contexto doméstico.
En nuestro caso, realizamos cerca de mil encuestas, y aunque ese número puede parecer más o menos representativo, lo importante es que permitió identificar este patrón: la convivencia con roedores dentro del hogar, lo que hace que el problema sea aún más relevante.
Más allá de la mordedura en sí, ¿qué nivel de conciencia existe en la población que no vive en contextos vulnerables sobre este problema?
FS: Yo creo que, en general, no hay conciencia de que esto esté ocurriendo.
CH: Sí, creo que pasan varias cosas. Por un lado, hay desconocimiento sobre lo que ocurre en los barrios vulnerables, o bien se percibe como algo lejano o poco relevante. Por otro lado, en uno de los trabajos que mencionábamos, realizado en el hospital Muñiz, se observó que las personas atendidas por mordeduras de rata no provenían de barrios vulnerables. Esto llama la atención, porque cabría esperar lo contrario.
Una posible explicación es el acceso al sistema de salud. Las personas que no viven en contextos vulnerables suelen tener más facilidad para acudir a consulta: pueden pedir un día libre, tienen centros de salud más cercanos o mayor acceso a la atención.
En cambio, en barrios vulnerables, aunque el problema probablemente sea más frecuente, muchas personas no pueden acudir al sistema sanitario. Esto hace que los casos no se registren y contribuye a que el problema permanezca invisibilizado.
Además del trabajo específico sobre mordeduras de rata, ¿en qué otros temas trabajáis, especialmente en relación con centros de salud?
FS: La mordedura de rata es solo una parte de nuestro trabajo. En general, nos consultan por otras zoonosis más conocidas, como la toxoplasmosis, que suele relacionarse con los gatos, o enfermedades como el hantavirus -aunque en nuestra zona no está presente-, la tuberculosis o la rabia.
Para ello, tenemos materiales preparados y realizamos presentaciones en centros de salud, donde explicamos estos temas. La mayoría de las veces, son centros ubicados en zonas vulnerables los que nos solicitan estas capacitaciones.
Desde fuera, da la sensación de que es un problema muy complejo, donde se identifican claramente las situaciones, pero no siempre es fácil saber cómo actuar o cómo cambiar las cosas. ¿Cómo lo vivís vosotros?
CH: Sí, a veces es una situación difícil, incluso chocante. Vas al terreno, ves lo que ocurre, la vulnerabilidad en la que viven muchas personas, y te das cuenta de que el margen de actuación es limitado.
Nosotros intentamos aportar desde donde podemos: haciendo capacitaciones, estando presentes, escuchando, trasladando reclamos… pero en muchos casos los cambios son muy lentos o no llegan.
Al final, queda esa sensación de saber que el problema existe y que hay personas que conviven con él de forma cotidiana.
En ese contexto, ¿hasta qué punto es importante el trabajo conjunto entre distintos profesionales y sectores?
CH: Sí, el trabajo interdisciplinario es fundamental. De hecho, en uno de los barrios donde estamos trabajando actualmente existe una mesa de salud en la que participan vecinos, profesionales del centro de salud y veterinarios del Instituto Pasteur.
Es un espacio donde se abordan directamente las problemáticas del barrio, con la participación de todos los actores implicados. No siempre se puede hacer todo lo que se quisiera, pero al menos permite que todas las partes estén presentes y formen parte de la conversación.
FS: Sí, además también participan organizaciones barriales y actores políticos locales. Este tipo de espacios surgieron, por ejemplo, a partir de situaciones como el aumento de casos de dengue en 2016. A partir de ahí, se empezaron a tratar otras problemáticas de salud, más allá del dengue.
Para cerrar, ¿qué os gustaría que la gente se llevara de esta conversación?
CH: Para empezar, a nosotros nos pone muy contentos que este trabajo —que, aunque sea pequeño, nos ha llevado mucho esfuerzo— haya llegado a alguien y haya despertado interés. Poder compartir lo que hacemos en el día a día y las problemáticas que vemos nos parece muy valioso.
Creemos que es importante que esta información se conozca, que entre todos podamos aportar, aunque sea un poco, para mejorar la realidad de algunas personas. Ojalá sirva para eso.
FS: La verdad es que no pensábamos que este trabajo iba a llegar hasta aquí, así que lo agradecemos mucho.
CH: Sí, también nos da impulso para seguir. Saber que interesa, que llega a más gente, nos anima a continuar. Cuanta más información tengamos sobre este tema, mejor.
Es una problemática que, aunque afecta especialmente a poblaciones vulnerables, en realidad nos involucra a todos. Y ojalá que todo esto pueda servir para que, en algún momento, se tomen acciones concretas que mejoren la situación.
FS: Y también nos ayuda a recargar energías para seguir trabajando.
Cierre.
Antes de despedirnos, queremos recordar que en la descripción de este vídeo encontraréis el enlace al trabajo que han realizado, para que quien quiera pueda leerlo en detalle.
CH: ¡Muchas gracias!
Gracias a vosotros. Desde INMAB llegamos a vuestro trabajo precisamente porque nos interesa todo lo relacionado con las mordeduras de animales. Aunque nos centramos principalmente en las de perro, por ser más frecuentes, eso no excluye otros casos, como las mordeduras de rata.
Leer vuestro estudio ha sido muy importante para nosotros, porque ayuda a entender que se trata de un problema de salud pública que nos concierne a todos. Así que gracias por el trabajo que habéis hecho y por el que seguís realizando, especialmente en terreno, que es fundamental.
También gracias a todas las personas que nos habéis acompañado. Esperamos que compartáis esta información, porque, como hemos comentado, es importante que llegue lo más lejos posible para generar mayor conciencia.
Nos despedimos hasta el próximo programa. Cuidaos mucho y gracias por estar ahí.
Sobre nuestros entrevistados.
Carina Hercolini:
Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad de Buenos Aires. Desde 2010 trabaja en el Instituto de Zoonosis Luis Pasteur en el área de prevención y control de zoonosis. Forma parte del equipo de roedores, desarrollando actividades en terreno -tanto en entornos urbanos como silvestres- y tareas técnico-científicas centradas en la relación entre roedores y salud pública.
Fernando Siccardi:
Veterinario, vinculado desde sus inicios a la salud pública. Desde 2010 trabaja en el Instituto de Zoonosis Luis Pasteur en el área de prevención y control de zoonosis, formando parte del equipo de roedores. Desarrolla actividades en terreno y tareas técnico-científicas, y además ejerce como docente en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires en el área de Salud Pública.
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